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31 Marzo, 2016

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Ponquecitos de zanahoria y crema de queso con sabor a beso

Me emociona pensar que detrás de cada receta de cocina hay una historia escondida, asomándose tímidamente mientras espera el dulce sabor de la palabra adecuada, de la mirada fulminante, de la sonrisa agradecida. Ese misterio que se oculta en la ternura de unas manos reconocidas por nuestros sentidos, eslabonadas a la memoria de los genes o del cariño.

Parece imposible, pero lo es como contradictorio es el ser humano, y en su calidad de imposible admite la posibilidad de llenarse el olfato con miles de lugares y personas que se adhieren a los recuerdos a través de cada poro de la piel. Recetas de familia, recetas regaladas, recetas robadas. Historias entrelazadas con otras historias, es el deja vú de la cocina.

La cocina sentimental es una receta sin costo ni utilidad, es incomparable incluso con los clásicos de la gastronomía universal, porque ella es nuestro puente con los afectos, con los recuerdos, con lo que somos realmente. “Cómo tú veas, lo que tú veas; piensa en las personas que amas y añade un poco de esto o de aquello. Así irás creando el plato más exquisito, el que te hará inmortal en el corazón de los que amas”.

Así cocina mi madre, sin manual alguno, sin cantidades exactas, y por eso trato de no perderme ninguna de sus recetas; ni como cocinera, ni como madre, ni como artista. Es una mujer ejemplar, maravillosa, y me mostró gran parte de su alma a través de la cocina. Gracias a ella mi cabeza está repleta de aromas y sabores, de risas trémulas, de voces suaves y melancólicas, del sonido de un piano. Todo en su punto, desde lo más sencillo hasta lo más elaborado. Siempre con amor, con paciencia y total dedicación.

Principio del formulario

Los cocineros sentimentales besamos los labios de las miles de apariciones que solemos tener en la búsqueda de la perfección absoluta y ella no está relacionada precisamente con la métrica, pero sí con el amor. Algunos besos se encuentran fundidos junto al chocolate que nos remonta a la niñez. Otros, con sabor a diminutos ponqués de zanahoria y crema, han quedado atrapados como un verso en los labios de los amantes.

Ingredientes para 12-15 Ponquecitos:

2 1/4  tazas de harina de trigo tradicional cernidas, 2 cucharaditas de sal, 1 cucharadita de bicarbonato de sodio, 1 cucharadita de polvo de hornear, 2 cucharaditas de canela en polvo, 2 cucharaditas de vainilla, 4 huevos a temperatura ambiente, 1 1/2 taza de aceite neutro de girasol o canola, 1 taza de azúcar granulada y 1 taza de azúcar morena, 1/2 taza de trocitos de piña previamente cocinada en almíbar. Nueces troceadas (1/4 taza), 3 tazas de zanahoria rallada.

Para la cubierta de queso crema:

Un queso crema grande, 1 1/2 tazas de azúcar pulverizada cernida (esto es importante para evitar los grumos en la cubierta), 1 cucharada de jugo de naranja o una cucharadita de esencia de vainilla (el sabor es opcional), dos cucharaditas de ralladura de naranja (también opcional), 1/4 taza de nueces trituradas para decorar.

Preparación:

Precalentar el horno a 350°F o 180°C. Sobre un molde especial para cupcakes poner de 12 a 15 capacillos de papel.

Mezclar todos los ingredientes secos previamente cernidos, excepto el azúcar. Reservar. Aparte, batir los huevos hasta formar un ponche a punto de letra, añadir el aceite en forma de hilo, el azúcar, la zanahoria y la piña previamente pasada por el colador.

Ir añadiendo las nueces y los secos en tres partes y con la ayuda de una espátula hacer movimientos envolventes para evitar que la mezcla pierda aire y se baje. Vierta la mezcla en los capacillos de papel y hornee por 20 minutos. Deje enfriar antes de decorar.

Para la cubierta: batir el queso, añadir el azúcar pulverizado, agregar el jugo y la ralladura. Cubrir con la mezcla los ponquecitos. Puede hacerlo de una manera pareja, extendiendo la crema con la ayuda de una espátula, o poner la mezcla en una manga pastelera con boquilla rizada y formar una rosa sobre cada ponquecito. Espolvorear con las nueces trituradas.

Ponquecitos de zanahoria y crema de queso con sabor a beso

Me emociona pensar que detrás de cada receta de cocina hay una historia escondida, asomándose tímidamente mientras espera el dulce sabor de la palabra adecuada, de la mirada fulminante, de la sonrisa agradecida. Ese misterio que se oculta en la ternura de unas manos reconocidas por nuestros sentidos, eslabonadas a la memoria de los genes o del cariño.

Parece imposible, pero lo es como contradictorio es el ser humano, y en su calidad de imposible admite la posibilidad de llenarse el olfato con miles de lugares y personas que se adhieren a los recuerdos a través de cada poro de la piel. Recetas de familia, recetas regaladas, recetas robadas. Historias entrelazadas con otras historias, es el deja vú de la cocina.

La cocina sentimental es una receta sin costo ni utilidad, es incomparable incluso con los clásicos de la gastronomía universal, porque ella es nuestro puente con los afectos, con los recuerdos, con lo que somos realmente. “Cómo tú veas, lo que tú veas; piensa en las personas que amas y añade un poco de esto o de aquello. Así irás creando el plato más exquisito, el que te hará inmortal en el corazón de los que amas”.

Así cocina mi madre, sin manual alguno, sin cantidades exactas, y por eso trato de no perderme ninguna de sus recetas; ni como cocinera, ni como madre, ni como artista. Es una mujer ejemplar, maravillosa, y me mostró gran parte de su alma a través de la cocina. Gracias a ella mi cabeza está repleta de aromas y sabores, de risas trémulas, de voces suaves y melancólicas, del sonido de un piano. Todo en su punto, desde lo más sencillo hasta lo más elaborado. Siempre con amor, con paciencia y total dedicación.

Principio del formulario

Los cocineros sentimentales besamos los labios de las miles de apariciones que solemos tener en la búsqueda de la perfección absoluta y ella no está relacionada precisamente con la métrica, pero sí con el amor. Algunos besos se encuentran fundidos junto al chocolate que nos remonta a la niñez. Otros, con sabor a diminutos ponqués de zanahoria y crema, han quedado atrapados como un verso en los labios de los amantes.

Ingredientes para 12-15 Ponquecitos:

2 1/4  tazas de harina de trigo tradicional cernidas, 2 cucharaditas de sal, 1 cucharadita de bicarbonato de sodio, 1 cucharadita de polvo de hornear, 2 cucharaditas de canela en polvo, 2 cucharaditas de vainilla, 4 huevos a temperatura ambiente, 1 1/2 taza de aceite neutro de girasol o canola, 1 taza de azúcar granulada y 1 taza de azúcar morena, 1/2 taza de trocitos de piña previamente cocinada en almíbar. Nueces troceadas (1/4 taza), 3 tazas de zanahoria rallada.

Para la cubierta de queso crema:

Un queso crema grande, 1 1/2 tazas de azúcar pulverizada cernida (esto es importante para evitar los grumos en la cubierta), 1 cucharada de jugo de naranja o una cucharadita de esencia de vainilla (el sabor es opcional), dos cucharaditas de ralladura de naranja (también opcional), 1/4 taza de nueces trituradas para decorar.

Preparación:

Precalentar el horno a 350°F o 180°C. Sobre un molde especial para cupcakes poner de 12 a 15 capacillos de papel.

Mezclar todos los ingredientes secos previamente cernidos, excepto el azúcar. Reservar. Aparte, batir los huevos hasta formar un ponche a punto de letra, añadir el aceite en forma de hilo, el azúcar, la zanahoria y la piña previamente pasada por el colador.

Ir añadiendo las nueces y los secos en tres partes y con la ayuda de una espátula hacer movimientos envolventes para evitar que la mezcla pierda aire y se baje. Vierta la mezcla en los capacillos de papel y hornee por 20 minutos. Deje enfriar antes de decorar.

Para la cubierta: batir el queso, añadir el azúcar pulverizado, agregar el jugo y la ralladura. Cubrir con la mezcla los ponquecitos. Puede hacerlo de una manera pareja, extendiendo la crema con la ayuda de una espátula, o poner la mezcla en una manga pastelera con boquilla rizada y formar una rosa sobre cada ponquecito. Espolvorear con las nueces trituradas.

31 Marzo, 2016
Por: Catalina Maldonado Acevedo

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