Deléitese

Elizabeth Ocampo

“Nunca es tarde para alcanzar los sueños”, así comienza a contar Elizabeth Ocampo su relación con la cocina; una historia que apenas lleva dos años escrita de forma académica, pero, si se lleva al plano sentimental, supera los 50.

Ocampo tiene 55 años y, desde que tiene uso de razón, siempre quiso ser chef. Sin embargo, sus padres la alentaron a estudiar educación. Así lo hizo y pronto se convirtió en docente de preescolar, luego se casó y vinieron los hijos.

Tras veinte años como maestra, Elizabeth pidió su retiro. Había llegado el tiempo correcto para alcanzar ese objetivo que por tantos años tuvo que postergar: estudiar cocina. Se inscribió en la academia Amalthea y, en un chasqueo de dedos, pasó de profesora a alumna.

Fue un choque para mí estar rodeada de tantos jóvenes, ya que me recordaban a mis hijos. Fue un proceso de aprendizaje adaptarme porque comprendí que esta generación sigue siendo respetuosa, pero es más confianzuda y relajada”, comenta Elizabeth, desde la escuela Amalthea, institución en la que lleva formándose hace un año y medio.

Ella es una de las mejores estudiantes del salón y piensa que todo se debe a su pasión y disciplina. Se ríe, mientras rememora: “Me ha ido muy bien con mis compañeros. A veces me ha tocado jalarles las orejas, pero al final me lo agradecen”.

 

Preocupada por el campo

El campo nunca ha sido ajeno para Elizabeth. Con su esposo una pequeña parcela de arroz en Puerto Santander. Allí colabora en el área administrativa, realizando pagos y llevando los libros de contabilidad.

Unos meses atrás, con sus compañeros y profesores de Amalthea, recorrió un sembradío de pimentones. La nortesantandereana notó que la cantidad de desperdicio durante la producción agrícola era muy alta.

“Con esos kilos de productos desechados podemos hacer mucho más”, esgrime Ocampo, quien propone los encurtidos como solución.

Ya que, de acuerdo con su testimonio, desde que brotan los alimentos, campesinos, distribuidores y comerciantes escogen las frutas y vegetales que luzcan mejor para llevarlas al consumidor, tirando muchas veces, aquellos productos que están arrugados o deformes.

“Por eso, desearía tener una microempresa que transforme esos sobrantes en conservas, encurtidos y pulpas que puedan alimentar a los colombianos en cualquier época del año”, reflexiona Ocampo, quien está consciente que los cocineros son parte fundamental de la transformación alimenticia de los países.  

 

Quiere impulsar la comida tradicional

“En la cocina, muchos colombianos admiran lo extranjero, lo que suena a francés, italiano o gringo, pero no aprenden a amar lo suyo”, esta es la opinión de Ocampo cuando se le pregunta por nuestro sentido de pertenencia por la comida tradicional.  

Ella, por el contrario, le gustan los platos colombianos y admira cada fruta, vegetal y producto cárnico que se produce en estas tierras. “Debemos sentirnos bendecidos”, reconoce la madre de tres hijos.

Por eso, dentro de sus especialidades siempre se encontrará un ajiaco, una bandeja paisa y una rica turmada, platillo que llevaría por todo el país, para que cada coterráneo conozca el rico sabor de este platillo horneado hecho con papa, pan, leche, huevo, carnes y guisos.

Luego de culminar su formación culinaria, Elizabeth ansía volver a la docencia, pero esta vez desde una academia de cocina.

 

Sus consejos

Arepas ocañeras

Son uno de los platos más representativos de Ocaña. Recomienda colocarlas sobre hojas de plátano y llevarla a la parrilla. “Le da más sabor a la arepa”, asegura.

 

Aseo al preparar el cabrito

Para limpiar el cabro aconseja colocar las presas de cabro durante 10 minutos en café fuerte filtrado, para eliminar el olor y sabor fuerte. “Luego de esa agua de café, lo lavamos con limón y lo ponemos a cocinar con agua y orégano. Tendrá un sabor suave, bien sea que lo haga estofado, asado o al horno”, comenta.

 

Rampuchada

Basta con algo de leche para lavar el pescado y deshacer esa arenilla que trae a veces.

*Por: Alicia Pepe

*Foto: Rodrigo Sandoval

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Elizabeth Ocampo

“Nunca es tarde para alcanzar los sueños”, así comienza a contar Elizabeth Ocampo su relación con la cocina; una historia que apenas lleva dos años escrita de forma académica, pero, si se lleva al plano sentimental, supera los 50.

Ocampo tiene 55 años y, desde que tiene uso de razón, siempre quiso ser chef. Sin embargo, sus padres la alentaron a estudiar educación. Así lo hizo y pronto se convirtió en docente de preescolar, luego se casó y vinieron los hijos.

Tras veinte años como maestra, Elizabeth pidió su retiro. Había llegado el tiempo correcto para alcanzar ese objetivo que por tantos años tuvo que postergar: estudiar cocina. Se inscribió en la academia Amalthea y, en un chasqueo de dedos, pasó de profesora a alumna.

Fue un choque para mí estar rodeada de tantos jóvenes, ya que me recordaban a mis hijos. Fue un proceso de aprendizaje adaptarme porque comprendí que esta generación sigue siendo respetuosa, pero es más confianzuda y relajada”, comenta Elizabeth, desde la escuela Amalthea, institución en la que lleva formándose hace un año y medio.

Ella es una de las mejores estudiantes del salón y piensa que todo se debe a su pasión y disciplina. Se ríe, mientras rememora: “Me ha ido muy bien con mis compañeros. A veces me ha tocado jalarles las orejas, pero al final me lo agradecen”.

 

Preocupada por el campo

El campo nunca ha sido ajeno para Elizabeth. Con su esposo una pequeña parcela de arroz en Puerto Santander. Allí colabora en el área administrativa, realizando pagos y llevando los libros de contabilidad.

Unos meses atrás, con sus compañeros y profesores de Amalthea, recorrió un sembradío de pimentones. La nortesantandereana notó que la cantidad de desperdicio durante la producción agrícola era muy alta.

“Con esos kilos de productos desechados podemos hacer mucho más”, esgrime Ocampo, quien propone los encurtidos como solución.

Ya que, de acuerdo con su testimonio, desde que brotan los alimentos, campesinos, distribuidores y comerciantes escogen las frutas y vegetales que luzcan mejor para llevarlas al consumidor, tirando muchas veces, aquellos productos que están arrugados o deformes.

“Por eso, desearía tener una microempresa que transforme esos sobrantes en conservas, encurtidos y pulpas que puedan alimentar a los colombianos en cualquier época del año”, reflexiona Ocampo, quien está consciente que los cocineros son parte fundamental de la transformación alimenticia de los países.  

 

Quiere impulsar la comida tradicional

“En la cocina, muchos colombianos admiran lo extranjero, lo que suena a francés, italiano o gringo, pero no aprenden a amar lo suyo”, esta es la opinión de Ocampo cuando se le pregunta por nuestro sentido de pertenencia por la comida tradicional.  

Ella, por el contrario, le gustan los platos colombianos y admira cada fruta, vegetal y producto cárnico que se produce en estas tierras. “Debemos sentirnos bendecidos”, reconoce la madre de tres hijos.

Por eso, dentro de sus especialidades siempre se encontrará un ajiaco, una bandeja paisa y una rica turmada, platillo que llevaría por todo el país, para que cada coterráneo conozca el rico sabor de este platillo horneado hecho con papa, pan, leche, huevo, carnes y guisos.

Luego de culminar su formación culinaria, Elizabeth ansía volver a la docencia, pero esta vez desde una academia de cocina.

 

Sus consejos

Arepas ocañeras

Son uno de los platos más representativos de Ocaña. Recomienda colocarlas sobre hojas de plátano y llevarla a la parrilla. “Le da más sabor a la arepa”, asegura.

 

Aseo al preparar el cabrito

Para limpiar el cabro aconseja colocar las presas de cabro durante 10 minutos en café fuerte filtrado, para eliminar el olor y sabor fuerte. “Luego de esa agua de café, lo lavamos con limón y lo ponemos a cocinar con agua y orégano. Tendrá un sabor suave, bien sea que lo haga estofado, asado o al horno”, comenta.

 

Rampuchada

Basta con algo de leche para lavar el pescado y deshacer esa arenilla que trae a veces.

*Por: Alicia Pepe

*Foto: Rodrigo Sandoval

Promociones

Otros personajes

La educadora está a punto de graduarse de la escuela de cocina Amalthea.

Fue elegida como la mejor chef femenina del mundo 2017. 

El chef está a cargo de la cocina de una de las sucursales de 'A comer se dijo'. 

Desde hace 42 años, con su esposo, Jorge Enrique Álvarez, vende en Cúcuta el reconocido masato 'El Norteño'. 

El chef cundinamarqués participó en el reality 'La Prueba' y dirige su propio concepto culinario llamado Vórtice. 

La chef regresa a canal elgourmet con su programa 'Repostería con Virginia Sar'.

La chef integra el equipo de la compañía La Recetta. Ama el cacao colombiano.

Es uno de los chefs del Restaurante La Ventana, del hotel Hilton Bogotá. 

El bogotano es Campeón Nacional de Barismo. Visitará Cúcuta para ofrecer una clase magistral sobre café.

El ganador de la segunda temporada de MasterChef Colombia promueve la alimentación saludable. 

El chef español siempre está cocinando nuevos proyectos. 

Junto con su esposa, tienen una pequeña empresa de yogur artesanal en Chinácota.